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El 26 de junio de 1996 la historia de este planeta cambió
completamente... ese día nació Spike. Sus padres son una pareja
de finos labradores rubios. La madre, llamada Tota, es chilena y
habita en una casa en la comuna de Vitacura en Santiago. El padre,
de nombre Vodka, es procedente de los Estados Unidos, pero
desafortunadamente no conozco más detalles de su vida privada. Spike
vivió durante casi dos meses con su mamá y sus hermanos en la casa de
los padres de los dueños de Tota, la veterinaria Pilar Fernandez y su
marido, hasta que el 18 de Agosto nosotros (los actuales dueños de
Spike) nos decidimos a comprar un perro y fuimos a visitarlo.
Ese mismo día llegó a su nueva y actual casa.
Spike fue un cachorro normal hasta los cuatro meses, edad en que
presentó una enfermedad que comenzó como una simple diarrea y luego
se fue empeorando hasta tal punto que estuvo hospitalizado en una
clínica veterinaria por siete días con suero y regimenes especiales.
Finalmente Spike volvió a casa más delgado que de costumbre pero más
querido y protegido que nunca.
Spike siempre se ha caracterizado por su mal comportamiento, no por
maldad; sino que por su personalidad juguetona, destruyendo cuanta
cosa se le cruza por delante como plantas, sillas, ropa, pelotas, etc.
Tal era su deseo de jugar que nadie podia salir al patio,
salvo nosotros, porque siempre saltaba y se colgaba de las ropas que
siempre terminaban rompiendose. Esto y otros problemas más de
comportamiento nos llevaron a la necesidad de a los 7 meses de vida
contratarle a Spike un entrenador personal
Spike al año de vida dejó de comer comida de cachorro y comenzó a
alimentarse de un nuevo alimento. Uno para perros adultos. Eso
significó un cambio en la vida de Spike que pasó a su siguiente etapa:
La de adulto
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